Hay un principio, y es el día que al mirarte en el espejo del baño esa mañana “te ves fea” y, acercándote al cristal, empiezas a preguntarte: ¿Qué ha sucedido?
Lo primero que ves son unas pequeñas arrugas bordeando tus ojos, y estos están como empequeñecidos; la frente, antes lisa, ahora la ves con surcos, como si un arado hubiera pasado por ella durante la noche. Las mejillas están apagadas y caídas de su sitio… No quieres mirar más.
¿Cómo ha ocurrido esto si no he dejado ni un solo día de cuidar mi piel con la cosmética adecuada? ¿Qué ha ocurrido…?
Pues ha ocurrido que has empezado a envejecer.
Pero no te asustes, has nacido en la época adecuada, en pleno auge de la medicina estética, y de toda la estética en general, con multitud de terapias capaces de devolverte la imagen de los treinta años.
Sin embargo, el problema viene ahora: ¿Qué tratamiento elegir si todos me parecen iguales?
Para saber elegir la terapia adecuada, lo primero que debemos hacer es vernos despacio y hacer comparaciones con una foto de cuando te ves joven.
Te contaré para facilitar el análisis:
Tienes arrugas en la frente y alrededor de los ojos; ello es debido a la acumulación de células muertas en la epidermis, los famosos corneocitos; lo mejor es eliminarlos.
Los tratamientos a elegir son el peeling, tanto químicos con los ácidos como físicos con los láseres. El mejor para empezar, por ser el más suave, es el Clear and Brilliant o el IPL o luz pulsada. Si deseas un tratamiento más fuerte, puedes pasar a un láser.
Hay personas que prefieren paralizar el músculo en vez de eliminar la capa córnea, y entonces utilizan las inyecciones de toxina botulínica.
Lo siguiente que apreciamos en nuestro rostro es la caída de la cola de la ceja y del canto extremo del ojo, que nos da la imagen de una persona triste.
A veces se acompaña de una flacidez en el párpado. Hay personas que recurren a la cirugía; sin embargo, el cirujano eliminará la piel flácida del párpado superior, pero no devolverá al ojo su imagen joven elevando el canto externo del ojo. Puede también, con cirugía, elevar la cola de la ceja.
Sin embargo, existe el tratamiento Thermage de ojos, que le devuelve la mirada de antaño.
Alrededor de los 40 años, la dermis comienza a deteriorarse; el colágeno, soporte de la piel, pierde su fuerza y esta comienza a desplazarse hacia abajo.
La zona central de la cara con la nariz y la boca hace imposible el descenso y, ante la barrera que obstruye su paso, forma el llamado surco nasogeniano, que no es más ni menos que la piel descendida.
Soluciones:
Ante este problema se pueden adoptar diferentes soluciones:
Colocar producto de relleno en zonas estratégicas para que, al ocupar un espacio, suba hacia arriba la piel.
Colocar en la epidermis unos hilos tensores, para que al producirse la cicatrización de la herida dejada por la aguja que introdujo los hilos, se produzca una estimulación de colágeno. Este colágeno es cicatricial e inelástico, y es la cicatriz la que produce una tensión temporal durante el tiempo que está sin desaparecer.
Ambos tratamientos dan buenos resultados, pero no son curativos: no paralizan el envejecimiento, y al absorberse, los efectos se eliminan y el paciente está un poco peor que al inicio, porque no ha dejado de envejecer durante este tiempo.
Estimuladores de colágeno. En principio, la idea es buena: si el colágeno está envejecido, pongamos poco a poco más colágeno. ¿Cuánto? ¿Cuántas veces? ¿Durante cuánto tiempo? ¿No será mejor destruir el colágeno viejo para que el cuerpo lo sustituya por uno nuevo?
¿Es esto posible? Sí, es posible.
Ese tratamiento lo ejecuta el Thermage. En una única sesión de dos horas, se inicia un tratamiento que dura 12 meses, durante los cuales se va cambiando el colágeno desnaturalizado por un colágeno nuevo.
Ya al término de las dos horas, la cara ha cambiado, porque con el colágeno desnaturalizado se van formando como “lianas” que traccionan hacia arriba las zonas descendidas; por eso sube la cola de la ceja, el canto externo del ojo, se tensan los párpados, suben las mejillas y mejora el surco nasogeniano, que pierde profundidad, se suavizan los bordes y muchas veces desaparece.
Se engrosan los labios que han perdido turgencia, se tensa el tercio inferior de la cara y se redefine el óvalo.
El paciente, al cabo del año, ha recuperado su imagen joven.
El resultado se mantiene durante años, puesto que, aunque el paciente está en proceso de envejecimiento, envejece desde una cara rejuvenecida.
Nunca volverá a tener el rostro como el que vino: envejecerá mucho más despacio, aunque no se vuelva a realizar un nuevo tratamiento.
Los pacientes que optan por este tratamiento suelen volver a realizarse una nueva sesión, a veces al año, a veces a los dos o tres años después, porque no quieren hacerse mayores con una cara envejecida.




