Envejecimiento activo – Capítulo XV – Acción del Thermage

 

Después de la descripción en el capítulo anterior de la acción de la radiofrecuencia monopolar química, creo que debo explicar todo el proceso, puesto que yo soy una especialista en dicho tratamiento y tengo mi propia teoría, nacida desde la experiencia y el estudio, y me gustaría exponerla aquí.

En el capítulo titulado ¿Quién soy yo?, hablaba de los elementos químicos conjugados que, al unirse, forman las moléculas. Su estructura está constituida por un núcleo central de elementos químicos con cargas positivas y neutras, rodeadas por elementos con cargas negativas —electrones—, que están en equilibrio ocupando diversas órbitas, siendo la última la que está ocupada por electrones emparejados. Estos son los que se unirán a otras moléculas que estén en idénticas condiciones para formar átomos y luego tejidos, y formar en definitiva nuestro soma.

Quiero recordarles que todos los elementos que nos rodean emiten radiaciones, estamos envueltos por energías y reaccionamos con ellas de forma imperceptible. Cuando el equipo de Thermage se conecta a la energía eléctrica, se produce una excitación de los electrones, que suben a órbitas más elevadas y luego son emitidos por el polo emisor. Pero hay unos electrones que, en vez de subir a órbitas más altas, lo que hacen es descender y entonces van perdiendo excitación y van decayendo de tal forma que se transforman en fotones, que son elementos con todas las energías pero que pierden la masa y la carga.

Estos elementos ya no se comportan como los electrones excitados que calientan por impedancia los tejidos que atraviesan. Estos fotones lo que hacen es reaccionar con los átomos que se encuentran y se introducen en la órbita más externa, tirando fuera a un electrón y ocupando su sitio. Como el fotón no tiene carga, al desplazar al electrón que sí tiene carga, desequilibra la órbita porque hay una carga negativa de menos. La órbita que recibe ese electrón ahora tiene una carga negativa de más, por tanto, también está desequilibrada. Para mantener el equilibrio en todo el átomo, los electrones se mueven incesantemente, originando en su movimiento calor, un calor extremo que puede llegar a alcanzar los 60 o 70 grados de temperatura tisular local.

Si recordamos ahora la descripción de la piel de los capítulos anteriores, veremos que las fibras de colágeno están sumergidas en agua de la dermis, y resulta que a los fotones les encanta el agua, por lo tanto, es en los átomos del agua donde reaccionan los fotones. Si calentamos el agua a esta temperatura, las fibras de colágeno sumergidas en ella sufren un proceso de desnaturalización o destrucción. Podemos comparar el proceso a cuando calentamos un huevo al baño María: la proteína de la clara se desnaturaliza, cambia de estado. Pues lo mismo le ocurre al colágeno, que también es una proteína.

El paciente que recibe el tratamiento y percibe la destrucción de su colágeno, comienza un proceso de fabricación de un nuevo colágeno para sustituir al envejecido y desnaturalizado. Este curso se alarga durante los 12 meses siguientes al tratamiento, y da como resultado que toda la zona tratada disponga de un nuevo colágeno, idéntico al que tenía al nacer y que le durará hasta que el paciente decida realizarse otro tratamiento. Y si no repite el tratamiento, ese nuevo colágeno irá envejeciendo con el paso del tiempo, pero siempre desde una estructura más joven.

Por eso al Thermage se le denomina radiofrecuencia monopolar química, porque el calor lo genera directamente sobre toda la superficie de la dermis por un proceso de reacción de elementos químicos.

Esta es la conclusión a la que he llegado yo después de mi larga experiencia profesional y mis dilatados estudios sobre física, química y fisiología química.

Publicado por: Mercedes Silvestre

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